La rigidez del codo es una limitación en el rango de movimiento del codo, que puede afectar tanto la flexión-extensión como la rotación (pronación y supinación) del antebrazo. Esta limitación suele ser una secuela de traumatismos, como fracturas o luxaciones del codo, que generan una cicatrización excesiva en los tejidos blandos o contracturas en la cápsula articular. También puede deberse a enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, o a procesos degenerativos, como la artrosis, donde la formación de osteofitos (pequeñas protuberancias óseas) limita el movimiento articular. La inmovilización prolongada tras una lesión del codo es un factor que contribuye a la rigidez.
El síntoma principal es la dificultad para realizar movimientos completos con el codo, lo que dificulta actividades cotidianas como comer, vestirse o alcanzar objetos alejados. Según la causa subyacente, la rigidez puede ir acompañada de dolor e inflamación. Es importante determinar si la limitación es causada por los tejidos blandos, por lesión ósea particular o por una combinación de ambos, ya que esto influirá en el enfoque del tratamiento. Para evaluar la rigidez, es necesario realizar estudios de imagen como radiografías, TAC o RM, que ayudan a identificar las deformidades óseas y de partes blandas.
El tratamiento de la rigidez del codo puede ser conservador o quirúrgico, dependiendo de la gravedad y de la causa. En los casos leves o moderados, la fisioterapia es fundamental y se centra en ejercicios de movilidad, técnicas de estiramiento pasivo y activo, y en el uso de dispositivos como férulas dinámicas para mejorar el rango articular. Cuando la rigidez es severa o no responde al manejo conservador, se recurre a la cirugía para efectuar una artrolisis (liberación de los impedimentos de la movilidad), que puede ser artroscópica o abierta, dependiendo de los casos. Cuando la superficie articular está irreversiblemente dañada, la única opción es la artroplastia (sustitución de la articulación). Tras la intervención, la fisioterapia inmediata a la cirugía es fundamental para evitar que la rigidez reaparezca y poder recuperar la funcionalidad del codo.