Luis Aguilella Fernández, Samuel Pajares Cabanillas

 

Introducción

La sustitución de los huesos del carpo por una prótesis se ha venido intentando desde hace largo tiempo, y la mayor parte de los esfuerzos se han centrado en el escafoides, aunque no se han limitado exclusivamente a este hueso. Las principales dificultades que se han presentado hasta ahora en el diseño de una prótesis carpiana han sido encontrar un material adecuado, reproducir una anatomía que presenta gran variabilidad y estabilizar la prótesis dentro del carpo.

Respecto a los materiales empleados, aparte de los primeros intentos en vitalio (1) o acrílico (2), el que tuvo una mayor difusión en las décadas de 1960 y 1970 fue la silicona. Swanson (3) diseñó con este material una prótesis de escafoides, que posteriormente fue abandonada debido a diversos problemas, entre ellos la reacción inflamatoria provocada por el desprendimiento de partículas, la denominada siliconitis (4). La posterior utilización de titanio supuso un avance, dada su biocompatibilidad. Este material es idóneo cuando se busca la osteointegración, pero no es el mejor para una superficie de deslizamiento y tiene un módulo de elasticidad distinto al del hueso. Fue la llegada del carbono pirolítico, o pirocarbono, la que supuso un cambio sustancial en las prótesis del carpo y es el que actualmente más se utiliza. El carbono pirolítico venía usándose para válvulas cardiacas desde la década de 1970 por su bajo coeficiente de fricción, su dureza y su compatibilidad biológica. Su aplicación para una superficie articular era lógica, ya que cuenta, además, con un módulo de elasticidad similar al del hueso cortical (5).
La dificultad que ofrece la anatomía del carpo radica en que los huesos carpianos tienen una notable variación morfológica. A diferencia de las prótesis totales de las grandes articulaciones, en las que el implante crea una nueva morfología articular, cuando sustituimos un hueso del carpo, la Capítulo Prótesis de los huesos 6 del carpo Luis Aguilella Fernández, Samuel Pajares Cabanillas morfología del resto de huesos del carpo se mantiene, es decir, no se adapta al implante. Depende de que la prótesis sea una copia fiel del hueso sustituido para que pueda funcionar correctamente.

Obviamente, la industria no puede tener un catálogo tan amplio como para cubrir toda esta variabilidad, por lo que, en la práctica, los diseños se han venido estandarizando en un número limitado de tallas. Una alternativa a la reproducción exacta de la anatomía ha sido la creación de implantes de interposición que se adaptan a los movimientos del carpo, sin pretender reproducir la morfología del hueso sustituido. La situación óptima sería llegar a crear una copia exacta del hueso del carpo que se quiere sustituir, algo que ya es posible mediante la impresión en tres dimensiones (3D), pero no con cualquier material.

La tercera dificultad es la estabilización de la prótesis en el carpo, requisito necesario para mantener la cinética y la cinemática normales de la muñeca. Los fracasos de los diseños iniciales se debieron, en buena medida, a su falta de estabilidad, acabando con frecuencia en la luxación del implante (6). Cuando se sustituye todo el hueso, como en el caso del escafoides o del semilunar, es imperativo proporcionar algún tipo de estabilidad adicional a la que proporciona la morfología anatómica del implante. Esto requiere la realización de plastias tendinosas. Si se utiliza un implante de interposición de movilidad libre, se da por supuesto que tanto la cinética como la cinemática de la muñeca quedarán alteradas, confiándose a la peculiar forma del implante y a su envoltura capsuloligamentosa el que mantenga su estabilidad dentro del carpo.

En este capítulo se revisan los diversos tipos de prótesis de huesos del carpo que están disponibles en la actualidad y se seguirá un orden por estructuras anatómicas. No se hablará aquí de las prótesis trapeciometacarpianas, dado que estas son tratadas en un capítulo aparte.